El breve reencuentro de Ritchie Blackmore con Deep Purple en Nueva York tuvo sabor a despedida para uno de los guitarristas más influyentes en la historia del rock.
La noche del miércoles, el músico inglés volvió a compartir escenario con la banda para interpretar “Smoke on the Water” en el Northwell at Jones Beach Theater, en un momento cargado de nostalgia para sus seguidores.
A sus 81 años y pese a los diversos problemas de salud que enfrenta, entre ellos una afección cardiaca, una hernia en la columna, ataques de gota en manos y pies y episodios de vértigo, Blackmore tomó nuevamente la guitarra junto a sus antiguos compañeros.
Su ejecución estuvo lejos de aquellos despliegues eléctricos que durante décadas lo convirtieron en referente para miles de guitarristas. Sin embargo, cualquier limitación técnica quedó relegada ante el significado de su presencia.
REENCUENTRO DESPUÉS DE 33 AÑOS
Lo memorable fue observar nuevamente a Blackmore al lado de Deep Purple después de 33 años de separación y de una larga historia de diferencias, particularmente con el cantante Ian Gillan, de 80 años.
La alineación ya no puede contar con Jon Lord, legendario maestro del órgano Hammond fallecido en 2012, pero conserva a dos integrantes fundamentales de su historia: el baterista Ian Paice, de 78 años, y el bajista Roger Glover, de 80.
El acercamiento resultó todavía más significativo debido a las conocidas disputas que durante años mantuvieron Blackmore y Gillan.
Ya fuera por nostalgia, amistad o simplemente por el paso del tiempo, el guitarrista dejó atrás viejas diferencias y pidió a Gillan la oportunidad de subir nuevamente al escenario. El cantante, con el respaldo de sus compañeros, aceptó.
UNA DEUDA CON LOS FANS
Para los seguidores que durante décadas conservaron la esperanza de volver a ver a Blackmore junto a Deep Purple, el momento representó el cumplimiento de un viejo anhelo.
No fueron necesarios solos interminables ni demostraciones de virtuosismo. Bastó escuchar nuevamente los acordes de “Smoke on the Water” ejecutados por el hombre que ayudó a convertir ese riff en uno de los más reconocibles del rock.
Blackmore puede ahora alejarse de los escenarios con una última imagen junto a la agrupación que ayudó a convertir en leyenda y regresar a su hogar en Long Island, Nueva York, con la certeza de haber dejado una huella imborrable en la historia del rock.