Hubo diferencias reales, jaloneos visibles y una lucha política que nunca desapareció, pero también prevaleció una convivencia pública lo bastante cordial como para no dinamitar del todo los puentes. Fotos juntos, colaboración relativa, mensajes medidos y una gestión cuidadosa de las formas.
Esa etapa parece haber terminado esta semana.
El lunes, el PVEM convirtió a SLP en escaparate de fuerza rumbo a 2027. Fue una demostración de músculo montada para dejar una señal local y otra nacional: el Verde se siente con tamaño suficiente para competir solo y para defender la gubernatura. En ese contexto, Ruth González quedó colocada, sin necesidad de un destape formal, como la carta natural del proyecto gallardista.
Dos días después llegó la respuesta. Enrique Galindo se “destapó” en un espacio nacional, cómodo, amistoso, el noticiero de Ciro Gömez Leyva, propicio para decir: estoy listo para pelear la gubernatura. Con eso bastó, pues nunca lo había dicho con claridad.
Lo relevante no es solo que ambos bandos hayan empezado a mostrar sus cartas, sino que lo hicieron casi de corrido, como si el calendario se hubiera adelantado de golpe.
El lenguaje importa. “San Luis amable” fue una consigna útil para una etapa de gobierno municipal basada en las formas, la cercanía y una cierta idea de convivencia cívica. Era un lema para administrar, para ordenar, para bajar tensiones.
“Posible”, fue otro eslogan de Galindo, que ahora cobra relevancia: suena a cálculo, a oportunidad, a ambición legítima de poder. Lo amable servía para gobernar una ciudad. Lo posible empieza a servir para disputar un estado.
Durante casi cuatro años, la relación entre Galindo y el gallardismo se movió en una zona gris: ni alianza propiamente dicha ni confrontación total. Había motivos para pelear, pero también razones para no romper.
El alcalde necesitaba gobernabilidad. El grupo en el poder tampoco requería abrir otro frente de desgaste en la capital. Esa lógica produjo una paz fría: suficiente cooperación para que el sistema funcionara, suficiente distancia para que nadie olvidara que el pleito seguía vivo.
Lo que parece agotarse ahora es precisamente esa paz fría. Porque el proyecto verde ya no tiene incentivos para seguir disimulando su apuesta sucesoria, y Galindo tampoco parece dispuesto a permanecer en el papel del alcalde que solo responde cuando lo atacan.
El primero necesita cerrar filas y ordenar su relevo. El segundo entiende que, si espera demasiado, otros terminarán contándole el momento político.
Eso no significa que la elección esté resuelta en una final de dos nombres. Falta mucho, sobran variables y la política potosina todavía puede torcer varias veces antes de llegar a 2027.
Pero sí significa algo más inmediato: el panorama cambió. Falta ver de quqé manera se vendrá la guerra.
Porque una cosa era la coexistencia tensa de los últimos años, y otra muy distinta es una disputa abierta, con candidaturas en formación, bloques acomodándose y narrativas tratando de imponerse desde ahora.
También cambia la lectura sobre Galindo. Hasta hace poco se le podía ver como un alcalde con aspiraciones, pero todavía instalado en la ambigüedad funcional de quien no quiere romper antes de tiempo. Hoy eso empieza a quedar atrás. Cuando habla como aspirante, aunque cuide las formas legales y políticas, ya no puede ser leído solo como administrador. Empieza a convertirse en otra cosa: en el rostro posible de una alternativa que buscará crecer justamente allí donde el oficialismo muestre fisuras.
Y acaso eso explique mejor lo que acabamos de ver. Se movió el clima de la sucesión. San Luis Potosí dejó de estar en la etapa de los guiños y entró en la de las señales explícitas. La cortesía que cubrió durante años la disputa empieza a desgastarse. Debajo de ella siempre estuvo la competencia. Lo nuevo es que ahora ya se nota.
De modo que se acabó el San Luis amable. O al menos se está acabando como lenguaje suficiente para describir lo que viene.
Empieza el San Luis posible: posible para Ruth como continuidad del proyecto verde, posible para Galindo como adversario ya declarado, posible para una contienda que dejó de ser hipótesis y empezó a tomar forma.