San Luis Potosí, S. L. P. México
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UN CUENTO DE NAVIDAD
22/12/19 | 10:50 | Por: Fernando Díaz-Barraga
Cuando era niño siempre busqué atrapar a Santa Claus o a los Reyes Magos en plena entrega de regalos. Nunca lo logré, por más que lo intenté. Mi intención no era definir su existencia sino más bien hacerles una pregunta: ¿Por qué los niños pobres no reciben regalos de ellos como otros sí? Una pregunta lógica si uno piensa que Santa Claus, los Reyes Magos y sobre todo el niño Jesús, deberían tener preferencia por los pobres que nada tienen sobre otros que todo tienen. En fin, de niño me quedé con las ganas de verlos y nunca tuve respuesta a mi pregunta.
Pero hace algunos años viajé a Estocolmo, en Suecia, allá por el ártico, muy cerquita de dónde nació San Nicolás, ahora conocido como Santa Claus. Así que un sábado, y me acuerdo de que era sábado porque como olvidarlo. Ese sábado salí a caminar al bosque y me perdí. De pronto, así como de la nada, una espesa niebla me rodeó. Pero, así como llegó la niebla de pronto se fue y lo que apareció fue un resplandor total. El frío se me quitó y cuando pude ver, lo que ví nunca se me olvidó.

¿Duendes? ¿Renos? ¿Luces en los pinos del bosque aquél? Increíble, increíble y de repente él. Sabía que era él, aunque no estaba gordo, una barba si blanca pero menos espesa y de traje café. Era él tenía que ser él, porque la emoción me llegó a lo más profundo de mi ser. ¿Señor Claus? ¿Señor Nicolás? ¿Hablaría español, quizá inglés? Porque el sueco la verdad no se me da. En fin, no hubo necesidad, en un perfecto español me dijo hola Fernando, ¿Cómo te va? su familiaridad y el conocimiento de mí me encantó. Hola Señor Claus, bien y ¿Usted? Bien bien mi Fer, un poco atareado porque antes todo era de madera, pero ahora, todos quieren algo electrónico. Seguía y seguía hablando, cuando de pronto me acordé de la pregunta y antes de hacerla, otra vez surgió su maravillosa voz. Si ya sé lo que quieres saber. Por qué a algunos si y a otros no. Bueno ven a mi estudio y sabrás la razón.

Entré a su casa y al llegar a su estudió me puso gafas diciendo, nada como la realidad virtual. Lo que ví asustaría a cualquiera. Viajaba en su trineo, pero pasando por Siria sentí la guerra y todo el mundo tenía algo negro del lado del corazón. Lo mismo cuando llegué a la zona de los vendedores de opio en Afganistán, en los barrios bajos de Calcuta, en las favelas brasileñas y en mi México hermoso en las sierras amapoladas. Me quité los lentes y pregunté, ¿Qué es eso negro? Santa contestó, es la enfermedad de los corazones negros. Una mancha infecciosa que impide la entrada de luz al corazón. La infección se pasa de padres a hijos y entre más negra la gente siente menos. Entonces me dijo, observa lo que pasa en la Navidad justo cuando los niños abren sus regalos. Me puse los lentes y lo que observé fue maravilloso, por un momento, quizá algunos minutos, la negrura desaparecía y una luz multicolor de colores pastel, entraba a los corazones y lo que provocaba de inmediato era espectacular, de los cuerpos salían otras luces de igual intensidad. Pero al ratito, otra vez, más obscuridad. Entonces el trineo reapareció y me llevó a aldeas indígenas o rurales, en México, Ecuador, Mali y Filipinas. Siempre igual. En esas aldeas no había negrura en los corazones de muchas personas.

Santa me confesó, no sé la razón de la negrura ni la razón por las cuales unos si la tienen y otros no. Pero comenzó a aparecer a finales del siglo 19 y ya para finales del siglo 20 se había globalizado. La enfermedad de los corazones negros solamente se apaga por un momento en la madrugada del 25 cuando los niños abren los regalos. Ahora bien, en muchas familias, a las cuales dejo regalos, y que no tienen negrura, lo que busco es que los niños me ayuden, porque cuando ellos regalan algo suyo también la negrura desaparece. Mi esperanza es que, en algún momento, la energía de los niños y de la navidad sea tan fuerte que acabe para siempre con esa enfermedad y ya no necesitemos regalos. Entonces quizá el hombre recupere un poco de su humanidad. De esa que no se ha perdido en aquellos bienaventurados que creen que nada tienen, pero lo tienen todo. Amor y Paz. Que, de eso, precisamente de eso, se trata la navidad.
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